SIGUE MI SENDERO

jueves, 30 de junio de 2011

EL ENIGMA DE LOS FUEGOS DE LAROYA


J.J.D.R.
En una de las habitaciones del cortijo Pitango, la niña María Martínez Martínez descansa en la cama, cuando de la nada, aparecen unas llamaradas que comienzan a envolver su pequeño delantal prendiéndole fuego. La niña comienza a gritar. Sus familiares y los jornaleros que trabajan en la finca acuden de inmediato a socorrer a la niña que está angustiada ante las llamas que roen sus ropas. Sofocan el fuego y tranquilizan a la pequeña que no sabe dar una explicación razonable del extraño suceso.
A la misma hora, muy cerca, varios fuegos que surgen de improvisto ante numerosos testigos, prenden montículos de trigo y enseres de labranza en el caserío Franco.

LAROYA  (ALMERÍA)

Los laroyanos no salen de su asombro. Testigos presénciales narran como han visto aparecer unas esferas de tonalidades azules en el aire que, al posarse sobre los objetos, hace que ardan como una tea colérica. 
El miedo y asombro se acrecienta cuando cae la noche y los sucesos se repiten de nuevo.
La pequeña María será de nuevo el epicentro de un fuego inesperado que surge en su habitación. Ésta vez, María no está sola. Hasta cuatro personas la acompañan. La luz extraña ha surgido en medio de la habitación y se ha posado sobre la cama.
Las sábanas arden de inmediato mientras que un miedo indescriptible sacude unos cuerpos abotargados por la histeria y el desconcierto.

LOS FUEGOS APARECEN DE LA NADA

Aquello es demasiado para los aldeanos. En plena noche se reúnen bajo el cielo estrellado y deciden organizar una batida, convencidos de que los fuegos tienen que ser provocados por alguien que merodea por el pueblo.
Las horas pasan. La infructuosa búsqueda de un posible culpable no da resultado. Todo es muy extraño. Nadie en el pueblo recuerda un suceso parecido, ni siquiera los más ancianos del lugar.
Amanece. La serranía de los Filabres se tiñe de colores pasteles mientras sus moradores, que apenas han podido conciliar el sueño, despabilan sus miedos con la llegada del día.
Hace rato que se ha dado aviso a la guardia civil. El puesto más cercano es el de Purchena-Macael, desde donde se prevé que llegue en breve la autoridad.
La mañana transcurre tranquila y sin sobresaltos. Por momentos, la calma hace olvidar la angustia de la pasada noche.


El cabo Santos está al frente de un grupo de cuatro hombres.
El primer lugar a donde se dirigen es el cortijo Pitango. Varias vigas de madera han ardido. Aún se puede oler el humo del misterio. Los guardias interrogan a los testigos y los gestos de sus caras reflejan perplejidad por lo que oyen.
Sin tiempo para especular sobre enajenación colectiva o engaño, un grito que proviene del interior de la casa alerta a los guardias civiles. Cuando entran en la vivienda, una llamarada azul está posada sobre una olla de comida que arde sin control. En cuestión de segundos, objetos de la vivienda, entre ellos una cama,   salen ardiendo sin causa lógica. Cuando intentan sofocar el fuego, las llamas parecen flotar y distanciarse como si tuvieran vida propia, y ni el agua o el uso de mantas son capaces de mitigar las llamaradas. Sólo cuando el fuego ha devorado a placer su objetivo se extingue lentamente dejando todo calcinado.


Lo sucedido escapa a cualquier razonamiento. El cabo Santos mira fijamente a sus compañeros buscando un gesto o palabra que le saque del ahogo que siente.
Los próximos tres días serán caóticos. Ni en sus peores pesadillas, podrían haber imaginado un escenario tan dramático. Por todo el pueblo, en las calles y plazas, en las fincas adyacentes o en cobertizos y gallineros, los misteriosos fuegos queman a su antojo todo lo que abrazan a su alrededor. Todo comienza como una luz estática en el aire que se posa como un rayo sobre cualquier cosa para prenderla en llamas.
Hablan de esferas de tonalidades blancas y azules de extraño aspecto, claramente visibles sobretodo en la oscuridad de la noche. Aseguran haber visto como surgen inesperadamente frente a ellos quemando todo a su paso.
Al acabar y dejar en cenizas los objetos, la tierra, la ropa o los aperos de labranza, desaparece para reaparece en otro sitio distinto en cuestión de segundos incendiando de nuevo.
Laroya no posee luz eléctrica y no cuenta con depósitos de combustible o productos químicos que puedan ser la fuente de combustión de los misteriosos fuegos.
Suenan las campanas de la iglesia. Desde que comenzaron los fuegos, Luis Silverio, párroco del pueblo, no ha dejado de alertar a los vecinos de los múltiples y descontrolados incendios, más de cien en la jornada del día 24 de junio.
Laroya arde sin control. Un miedo profundo se cierne sobre los vecinos que son incapaces de entender que está ocurriendo.
La guardia civil no sabe que hacer ni dónde atender. En uno de los caseríos dónde recavaban información de los testigos, el teniente Antonio Arriba se dispone a dejar su chaqueta colgada en un perchero cuando la prenda comienza a arder de forma sorprendente.

CHAQUETA DEL TENIENTE ANTONIO ARRIBA, DESPUÉS DE SALIR ARDIENDO

Los días pasan y los inexplicables incendios se suceden de forma cotidiana. Un miedo irrefrenable sobrevuela las calles del pueblo, mientras sus gentes ven como sus casas, animales y tierras de labranza, se convierten en cenizas en instantes.
Los medios de comunicación de la época comienzan a dar cobertura a tan insólita noticia. Los sucesos de Laroya, aparecen en las páginas de periódicos como Ya, ABC o El Correo de Andalucía.
Dado el desconcierto que los sucesos del pueblo generan, las autoridades competentes, deciden enviar un grupo multidisciplinar para investigar los misteriosos fuegos de Laroya.
Todo parecía indicar que al fin, para alegría y consuelo de los vecinos del pueblo, se lograría poner un punto y final a muchos días de agónico miedo.
En pocos días, Laroya está inundada de científicos altamente cualificados en búsqueda de respuesta al misterio, como los doctores López Azcona Llorente y el meteorólogo Román Samaniegos, del Centro Geofísico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. El Instituto Sismológico de Almería, desplazó al pueblo al Dr. José Rodríguez Navarro, quién está acompañado del representante del Servicio de Magnetismo y Electricidad Terrestre del Instituto Geográfico y Catastral, el señor José Cubillo Fluiters.

EL INFORME OFICIAL

Los científicos caminan por el pueblo derrochando léxico académico y cargados con caros equipos técnicos, aunque sin dar con una solución del problema.
Los fuegos siguen su ritmo normal de apariciones. En casi dos meses desde que se iniciara en cortijo Pitando el primer suceso, cerca de 400 fuegos han sido contabilizados en la comarca. Los vecinos del pueblo están al borde de la histeria colectiva.
De la noche a la mañana los científicos comienzan a marcharse. En el pueblo dicen que, tras las numerosas pesquisas realizadas con resultado infructuoso, se marchan acobardados por un miedo irracional ante los hechos que allí suceden, y abandonan el pueblo convencidos de que lo que en Laroya sucede escapaba a la lógica de la ciencia.

EN LA OSCURIDAD, EL FUEGO PARECÍA NACER DE ESFERAS AZULES

Uno de los científicos más escépticos y convencidos de que el fenómeno del fuego tiene una razón científica es José Cubillo Fluiters, a quién antes mencionamos.
Sus andanzas por el pueblo, aún hoy día, son recordadas con viva excitación. Recuerdan los laroyanos cómo Cubillo Fluiters cargado con su carísimo equipo científico se paró para tomar mediciones en un lugar concreto, y sus propios ojos fueron testigos del fuego que aparecido de la nada y calcinó sus instrumentos.
No se le volvió a ver por el pueblo nunca más.
José Cubillo Fluiters, fue precisamente el encargado de emitir el informe oficial, en el cual, seguramente muy a pesar de su científica mente, reconocía la inexistencia de fuentes de calor, actividad volcánica, gases inflamables o actividad magnética de índole alguna en la zona. Descartaba también que los extraños fenómenos fueran efectos de actividad eléctrica o fenómenos atmosféricos, y desde luego reseñaba con especial énfasis la improbabilidad de que el factor humano fuera el causante de los fuegos de Laroya.
Una vez concluido el informe y hecho público, ante la ausencia de explicaciones por medio de la ciencia, los fuegos de Laroya cayeron en el olvido por parte de los medios de comunicación. El eco del misterio almeriense se difuminó, o lo difuminaron. No era época para misterios incomprensibles. En una España de posguerra, algo que era inexplicable y no podía entenderse, mejor era silenciarlo y esconderlo.


Lo tremendo del caso es que el pequeño pueblo de la serranía almeriense, continuó sufriendo el acoso del fuego misterioso durante mucho tiempo. La desidia de las autoridades dio paso al olvido y los laroyanos se lamieron sus heridas sin el apoyo de nadie.
La niña María Martínez acabó con su vida ingiriendo sosa cáustica. Nunca superó la angustia y el miedo que la poseía. Dicen que se sentía culpable por lo sucedido. Con ella comenzó todo, en ella ardieron las primeras llamas. Demasiado sufrimiento. Al poco tiempo, su hermana mayor, se arrojó por un barranco y se quitó la vida. Poco después, el hermano de ambas, era encontrado ahorcado en el interior de la vivienda.
Los rumores de que los tres hermanos se llevaron algún extraño secreto a la tumba resonaron en el pueblo durante mucho tiempo. Se decía que en cortijo Pitando habían sucedido más cosas de las que se habían contado.

TUMBA DE LA FAMILIA MARTÍNEZ


Entre bosques de pino carrascal y negral, rodeado por sotobosques de jara entre almendros y olivos, los blancos muros y la teja rojiza de las casas del pueblo de Laroya, despabilan al caminante que se adentra en sus lindes.
Tras una corta pausa, absorto y embebido del paisaje de la comarca del mármol en la serranía de Filabres (Almería), el visitante siente que llega a un lugar de mágico entorno dónde el misterio se instaló tiempo atrás en sus fincas y casas, permaneciendo vivo en la memoria colectiva de sus vecinos hasta nuestros días.
Laroya es sinónimo de misterio. Sus calles, sus cortijos y fincas, las rocas del camino, los senderos y pastizales; no pueden desligarse de los hechos que un día 16 de junio de 1945 comenzaron a sembrar de pánico la comarca, situando el pequeño pueblo serrano en el mapa nacional, bajo la escrupulosa e inquisidora mirada de investigadores de toda índole y el desconcierto de las autoridades que no dieron crédito a los sucesos que allí ocurrieron y para los que nunca tuvieron respuestas.


El fuego cesó. La calma llegó para quedarse y el tiempo comenzó a cerrar heridas y a desvanecer el miedo que circulaba junto al aire por las calles.
El fuego se fue y no volvió. Pero en Laroya, lo que finalmente quedó impregnado en cada rincón de su geografía serrana, fue el sentimiento de que un día de junio, algo inexplicable, extraño y misterioso, se alojó en el pueblo para no marcharse jamás.
Los fuegos de Laroya están considerados como uno de los casos de combustión espontánea mejor documentados hasta la fecha. Un enigma vivo y sin respuesta.
Pero en otros lugares han sucedido hechos parecidos.
En junio de 1925 en una finca conocida como el Perdigón en la Rioja, vecinos y cazadores, durante semanas fueron perseguidos por fuegos extraños.
También en Argamasilla de Alba (Ciudad Real), los alumnos y profesores de una escuela rural, sintieron el pánico de enfrentarse ante fuegos espontáneos que aparecían de la nada.
El fuego, aparece arde y termina extinguiéndose. No así el misterio, que tras invadir la mente, devora el espíritu y a veces la razón, y termina adosado a nuestro recuerdo para siempre.

Aportes y Datos;
Bibliografía:
Enigmas sin resolver, II
Iker Jiménez, Editorial EDAF

En la Web:
http://www.culturandalucia.com/Los%20fuegos%20de%20Laroya_Almeria_Reconstrucc%C3%ADon.htm

Para escuchar:
Podcasts:
http://www.ivoox.com/fuegos-laroya-audios-mp3_rf_193057_1.html







jueves, 23 de junio de 2011

CATACUMBAS DE LOS CAPUCHINOS DE PALERMO


J.J.D.R.
Una procesión de huesos y calaveras guían al visitante a través de los pasillos de las catacumbas. Cuerpos momificados cuelgan de las paredes, otros, sucumben impertérritos ante el paso del tiempo en cajones de madera y vitrinas acristaladas.
Juntos, apretados, vestidos con ropas de antaño; ajados cuerpos de miles de momias decoran las estancias de la cripta de los capuchinos de Palermo, en recuerdo de una época en la que un cuerpo bien conservado e incorrupto era el póstumo deseo de los fieles Palermitanos.

CIENTOS DE CUERPOS ESQUELÉTICOS INUNDAN LAS PAREDES

Las catacumbas se encuentran en la ciudad italiana de Palermo bajo el monasterio de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, lugar que antes fue cementerio allá por el siglo XVI, y que posteriormente utilizarían los monjes para el descanso eterno de los miembros de la orden.

GESTOS DE HORROR EN CADA ESQUINA

La sequedad del terreno unido a las corrientes de aire que sopla entre los gruesos muros, ayudó para que los cuerpos allí enterrados se conservasen magníficamente. Éste singular hecho fue advertido por los monjes capuchinos en 1599 cuándo, debido a las reformas que hicieron en las primigenias criptas y que tenían como motivo construir un lugar de descanso y atención para los caminantes, dio con el descubrimiento de cerca de 40 cuerpos momificados de forma natural que se conservaban de manera extraordinaria.



En un principio tan sólo los monjes de la orden podían acceder a su descanso eterno en las catacumbas, hasta que un decreto de la santa sede de 1637, concedió permiso a los capuchinos para enterrar a personas ajenas a la orden.


El cambio en la política interna de la congregación se debió a la necesidad de trasladar los conventos fuera de la ciudad a edificios cedidos por gente acaudalada, cuya única petición era que al fallecer fuesen enterrados en las catacumbas junto a tanta reliquia y santidad eterna.


El clima del lugar en unión con las técnicas que utilizaban los monjes para el embalsamamiento de los cuerpos fenecidos, paralizaban los efectos de la putrefacción y conservando los cuerpos.


La aplicación de baños de vinagre, la inmersión de los cadáveres en cal o arsénico, seguido del cuidadoso arreglo al que se sometían los cadáveres vistiéndolos con sus mejores galas, hicieron del arte de embalsamamiento de los capuchinos una auténtica moda a la hora de ser enterrado, dónde todo acaudalado quería descansar después de muerto.


En un principio fueron los familiares de los frailes quienes quisieron ser embalsamados en el lugar, extendiéndose rápidamente la moda por diferentes ámbitos sociales de Italia e incluso del extranjero, encontrándose hoy día cuerpos momificados tanto de artistas como de militares o personajes influyentes en la economía y la política Italiana.


Morir con rango abolengo era ser embalsamado y expuesto en las catacumbas de los capuchinos.
Una de las momias más antiguas es la del fraile Silvestre de Gubbio, cuyo cuerpo, envuelto en su hábito y encapuchado de forma tétrica, reposa en una de las criptas subterráneas desecado por el paso de los siglos.


Los cuerpos se esparcen por doquier entre las encaladas paredes. Los hay de pie sujetos con ganchos a las paredes, otros tantos están sentados y, en cada rincón, cuerpos y más cuerpos se apilan en una sucesión macabra de siniestro gusto, dónde huesos y calaveras de oscuros y vacíos gestos dejan helado al visitante.


Tras un decreto de exclaustración emitido en 1866, los monjes capuchinos cedieron la custodia de las catacumbas al ayuntamiento de Palermo. Durante el periodo que el cabildo de la ciudad se hizo cargo del mantenimiento del lugar, las estancias y muchos de los cuerpos sufrieron un gran deterioro al no contar con el esmero y cuidado que desempeñaban los monjes en su trabajo.

FRAY SILVESTRO DE GUBBIO

Años más tarde, concretamente en 1897, la orden de los capuchinos regresó para volver a instalarse en el convento, y se afanaron en la restauración de las momias y las galerías. Algunos cuerpos invadidos por hongos fueron desecados eliminando la humedad por medio de telas de saco llenas de paja.


En 1920 se realizó uno de los últimos embalsamamientos. El proceso fue llevado a cavo por el profesor Alfredo Salafia sobre el cadáver de una niña de dos años llamada Rosalía Lombardo. El cuerpo se encuentra en perfecto estado. De la formula utilizada por el profesor para este caso nada se supo, llevándose el secreto a la tumba.

LA NIÑA DE DOS AÑOS ROSALIA LOMBARDO

Durante la segunda guerra mundial varios incendios en las catacumbas destruyeron algunas secciones de galerías y calcinaron varios cuerpos.
Otro incendio ocurrido en 1966, junto a las filtraciones de agua producidas por el arreglo de las calles de la ciudad, fueron ocasionales vicisitudes que fueron solucionadas por los monjes. 


También tuvieron que cercar las momias con vallas metálicas para impedir que los visitantes tocasen los cuerpos y los deteriorasen, acción que aunque parezca macabra, comenzaba a ser habitual en los visitantes que acudían a las catacumbas.


Las galerías y criptas están bien iluminadas. Los visitantes caminan lentamente por los pasillos de blancas paredes.
Allá donde posan sus ojos, cientos de ojos vacíos les devuelven la mirada.


Bocas que se retuercen en monstruosos gestos gritan en silencio, mientras los huesudos dedos de las manos parecen querer arañar un hálito de vida que les regrese a nuestro mundo.
Calaveras ataviadas con sombreros. Niños y niñas con trajes de domingo. Mujeres con blancos vestidos de paseo. Militares que parecen prestos para la batalla. Monjes con hábito y obispos con sus ricas mitras y reliquias adosadas a sus cuellos esqueléticos, de donde cuelga un mísero cartel indicando el nombre del difunto, se apiñan en cada metro cuadrado del recorrido de las catacumbas en una procesión que bien podría ser de zombis de una película de miedo.


Un mundo de huesos y polvo marchito se abre bajo el suelo del convento.
El espectáculo es sombrío y tétrico, aunque las catacumbas de Palermo tan sólo muestran lo que realmente somos… envoltorios frágiles con una innegociable fecha de caducidad.


Aportes y Datos:
En la web;
http://es.wikipedia.org/wiki/Catacumbas_de_los_Capuchinos
Artículo de Reverte Coma (Antropología forense)
http://www.museorevertecoma.org/v2/index.php?option=com_content&view=article&id=90:catacumbas-la-cripta-de-las-momias-de-los-capuchinos-de-palermo&catid=8:ritos-funerarios&Itemid=2
Bibliografía;
Renato Grilletto, Las momias, Ed. Edesco

Recomiendo el siguiente documental de cuarto milenio:

               











domingo, 19 de junio de 2011

LA GRUTA DE SKOCJAN


J.J.D.R.

La región del Karst en Eslovenia, es un lugar salpicado constantemente de grandes grutas y cuevas subterráneas, de las que se han contabilizado alrededor de 8000 cavidades agujereando la tierra.


CUEVA DE SKOCJAN

Ya de por sí, la región es considerada uno de los mejores lugares del mundo para el estudio del periodo Karstico (Fenómenos que se producen en la piedra caliza), en continua evolución y creación de grutas y agujeros naturales en la tierra.
De entre las muchas y bellas grutas que socavan el suelo esloveno hay una que debido a su complejo sistema de galerías, la grandeza de sus cavidades y el recorrido que por el subsuelo calizo a horadado el río Reka, merece una pausa para deleitarnos con su belleza.

 RÍO REKA 

El río Reka fluye a través de 51 kilómetros por el suroeste del país hasta llegar al hermoso valle de Velika Dolina. Al llegar a este valle, custodiado de cerca por las poblaciones de Divaca y Kozima, se pierde en la oscuridad del interior de la tierra desapareciendo por completo.



Es en éste momento cuando comienza un espectacular recorrido de 34 kilómetros dónde entre las galerías y salas de las grutas de Skocjan, el río retuerce su aguijoneante sendero de agua dulce y demarca su ruta de tiempos remotos hasta reaparecer en las cercanías de Mongalcone, uniéndose en un abrazo fluvial con el río Timavo para reposar finalmente en el mar Adriático.


El contraste del río y la belleza de la gruta es impresionante. La gruta de Skocjan posee cinco kilómetros de pasajes subterráneos y galerías. El río Reka, en varios tramos, forma cascadas y saltos de agua que resuenan con inusitado impacto en el silencio de la cueva.
El recorrido de la gruta parece distanciarnos del mundo real transportándonos, a medida que avanzamos entre estalagmitas y estalactitas, por un lugar anclado en el tiempo, impertérrito, jalonado de sombras y oscuros pasajes dónde el tiempo parece detenido y sólo el transcurrir del río nos despabila del silencio rotundo de la gran caverna.


Hace mucho, cuando el mundo era gobernado por nuestros primitivos ancestros, la gruta fue refugio y hogar de los pobladores de la región hace 10.000 años.
Los restos arqueológicos encontrados en el lugar, que abarcan periodos de época del Bronce y el Hierro, denotan la importancia de estas grutas además de haberse constituido durante los últimos 3000 años en centro de peregrinación de gran importancia en Europa, al ser utilizado como templo sagrado por civilizaciones tan deslumbrantes como la griega.
Durante el recorrido guiado de 3 kilómetros por la gruta de Skocjan, se pasa por varios puentes a gran altura desde donde se puede apreciar la magnificencia de la caverna subterránea. La cámara de Mortelova es el lugar que más sobrecoge. Tiene una anchura de 123 metros y 300 de largo y en su zona de mayor altura alcanza los 146 metros. La temperatura en la gruta es de 12 º C constante durante todo el año.


Durante la época de lluvia, las grutas son fácilmente inundadas por el agua y las visitas a la cueva están prohibidas. La fuerza de las corrientes sigue excavando lentamente nuevas vías en la piedra arañando la piel caliza de Skocjan como un gusano que se cobija en la piel de una manzana.

VALLE DE VELIKA DOLINA

Desde el año 1986 Skocjan está incluida en la lista de la UNESCO como patrimonio de la humanidad y reserva de la biosfera.



De nuevo la naturaleza nos invita a detener nuestro frenético y alocado transito por la vida, concediéndonos la oportunidad de contemplar un paraje de incalculable valor histórico y monumental belleza, dónde el agua del río Reka es la protagonista, y la piedra caliza de la gruta de Skocjan el escenario perfecto.


Aportes y Datos:
En la Web; http://www.park-skocjanske-jame.si/eng/caves_id.shtml

WIKIPEDIAhttp://es.wikipedia.org/wiki/Grutas_de_%C5%A0kocjan


sábado, 11 de junio de 2011

EL HOMBRE DE TOLLUND


J.J.D.R.
Los dos campesinos trabajaban en la extracción de la turba del pantano de la pequeña localidad de Tolland en la península de Jutlandia (Dinamarca).
Aquel 6 de mayo de 1950, Viggo y Emil Hojgaard, se quedaron petrificados ante la visión de una pequeña cabeza semienterrada en la ciénaga.

HOMBRE DE TOLLUND

El cuerpo apenas era visible. Se hallaba en una explanada de unos 60 metros de tierra. Cuando se acercaron tímidamente para comprobar la identidad del cuerpo, se toparon de lleno con un rostro de extraño aspecto cuya piel tersa y reluciente parecía pertenecer a alguien fallecido recientemente. Nerviosos y excitados, pudieron ver que una cuerda rodeaba el cuello del fallecido, y aquello erizó cada bello de sus cuerpos.

TURBERA DE JUTLANDIA

Alertados por la posibilidad de que se tratase de un joven perteneciente a la escuela de Copenhaguen desaparecido hacía poco tiempo en la región, y del cual no se había vuelto a tener noticias, decidieron avisar de inmediato a las autoridades competentes que se personaron en el lugar dos días después, justo el sábado 8 de mayo. Cuando la policía llegó, rápidamente se percataron de que el hombre no había fallecido recientemente sino todo lo contrario. El cuerpo mostraba claros indicios de no pertenecer a la época y, posiblemente, llevase sumergido en la turba de la ciénaga muchos años, más de los que ninguno de los presentes podía imaginar.

LOS HERMANOS VIGO Y EMIL HOJGAARD

Cuando Peter Vilheim Glob, Director General de Museos y Antigüedades y también director del Museo Nacional de Copenhagen se presentó en el lugar del macabro descubrimiento, avisado por las autoridades, se topó de lleno con un cuerpo momificado en espléndido estado de conservación.
Se trataba de un hombre que reposaba tumbado de costado, con las rodillas dobladas y pegadas al estómago y uno de sus brazos bajo la barbilla. El hombre parecía dormido en el tiempo. Parecía reposar plácidamente en el pantano y hasta el rictus mortuorio de su boca, dejaba entrever una leve mueca de satisfacción.

IMPRESIONANTE LA CONSERVACIÓN DE LA PIEL Y EL GESTO DE SU ROSTRO

La piel estaba en perfecto estado y lucia barba de pocos días.
Lo que llamó poderosamente la atención de los especialistas, fue comprobar como una cuerda de dos tiras de piel trenzada rodeaba el cuello del cadáver, señalando la posibilidad de que hubiese muerto de forma violenta.

CUERDA ALREDEDOR DE SU CUELLO

La cabeza estaba cubierta por una boina de piel de ocho piezas cosidas a mano.
La edad del individuo se estimó entre 30 y 40 años y su estatura era de 1,6 m de altura, datándose su antigüedad en unos 2300 años, en plena época Del Hierro Prerromana.
De inmediato se procedió a rescatar el cuerpo del pantano. Para ello se utilizó una caja de madera que se colocó alrededor del cuerpo, logrando con ello extraerlo conjuntamente con el terreno que lo cubría en un único bloque para, de ésta manera,  causar el mínimo daño a su estado natural de conservación.

POSICIÓN EN LA QUE APARECIÓ EL CUERPO

Una vez en el laboratorio nacional se procedió a practicarle todo tipo de pruebas.
Lo primero fue comprobar el estado interno de sus órganos con resultado más que satisfactorio. De su estómago, sin ir más lejos, se supo qué había ingerido en su última cena. El resultado era una especie de papilla de verduras y semillas. Había semillas de lino, manzanilla, cebada y centeno. El centeno contenía hongos con cornezuelo, elemento que produce alucinaciones y alteraciones de la mente.


A raíz de éste descubrimiento, se analizó en profundidad las posibles causas de la muerte del hombre de Tollund, (nombre por el que se le conoce desde su descubrimiento en la pequeña localidad de Tolland).
Antiguos ritos prehispánicos, posiblemente como ofrenda a la diosa Nerthus, son relatados y referidos en la obra “Germania Magna” de Cornelio Tácito en el cual, el autor narra cómo se sacrificaban humanos ahogándolos en un ritual mortal.
Tácito menciona también la costumbre que tenían los antiguos pobladores de colgar en los árboles a los delincuentes, desertores, o los que eran considerados unos cobardes.
Historiadores y arqueólogos se preguntan si el hombre de Tollund podría pertenecer a esta clase de hombres repudiados y sentenciados a muerte.

OBSERVAR EL DETALLE DE LA BARBA

Lo que sí se sabe es que probablemente pertenecía a clase alta, debido al cuidado estado de sus uñas y piel así como la indumentaria que vestía.
Ya en la edad del Hierro la zona de Jutlandia en la que apareció el cuerpo momificado, era señalada como lugar predilecto para la extracción de la turba, por su gran calidad y abundancia en la región.  Por los vestigios descubiertos en la zona, se sabe que explotaban las ciénagas pantanosas para la utilización de la turba como combustible. Se piensa que los sacrificios rituales fuesen una ofrenda a los dioses en agradecimiento por la obtención de la turba.

EN EL MUSEO

Esto aclararía el estado relajado del cuerpo del hombre de Tollund, quien podía haber ingerido ciertas drogas para morir plácidamente antes de ser colgado, fuese o no de libre elección su sacrificio.
El extraordinario estado de conservación de la momia se debe a la turba del pantano que emite pequeñas cantidades de ácido. Estos ácidos al mezclarse con los propios de la descomposición de los residuos vegetales, cuya combinación crea el ácido húmico (conocido también como ácido de los pantanos), hace imposible la proliferación de bacterias y por lo tanto la materia orgánica no se descompone. A estos factores hay que añadirles las bajas temperaturas de la zona, la humedad reinante y la escasez de oxígeno en el agua del pantano.


Antes de que el cuerpo del hombre de Tollund pudiese ser expuesto en el museo tuvo que ser preparado a conciencia. Para empezar, dado el elevado coste de conservación que suponía preservar todo el cuerpo, se determinó conservar solo la cabeza, los dos pies y un dedo.
Durante 6 meses se sumergió en un baño de agua, formalina y ácido acético. Después fue sumergido en alcohol de 30º y posteriormente de 99º. Finalmente se sumergió en Tolueno puro que iba siendo saturado con parafina hasta ser sustituido por cera caliente.

MUSEO DE SILKEBORG

En el proceso el cuerpo menguó un 12% de su tamaño original y, el color oscuro que presenta la piel hoy día, es consecuencia de la limonita y los ácidos húmicos contenidos en el pantano. Pasado un año el cuerpo del hombre de Tollund pudo ser al fin expuesto en el museo de Silkeborg.
La región de Jutlandia guarda aún bajo la húmeda turba de sus ciénagas pantanosas, la posibilidad de redescubrir retales de la historia a través de los cuerpos que la naturaleza ha momificado, y que están esperando ser rescatados del olvido del tiempo y mostrarnos los detalles de un mundo atávico, desconocido, antiguo y ancestral.

Aportes y Datos:
En la web:
http://www.tollundman.dk/et-lig-dukker-op.asp
http://es.wikipedia.org/wiki/Hombre_de_Tollund

Bibliografía:
Las momias ( Renato Grilletto)
Editorial Edesco, Grandes Hechos De La Historia (1989)





jueves, 2 de junio de 2011

TÚNEL DE GUOLIANG


J.J.D.R.
Las montañas de Taihang en la región de Henan (China), alberga un trayecto que abraza las montañas y destripa su dura roca atravesando las escarpadas cumbres que albergan el famoso y espectacular túnel de Guoliang.

TÚNEL DE GUOLIANG

“El camino que no tolera errores” apodo que recibe de los chinos, es un túnel de 1200 metros de longitud, cinco de alto y cuatro de ancho, colgado en las alturas de un paisaje verde y sobrecogedor. Y como acertadamente señala su apodo, no cometer errores en su travesía es fundamental para salir ileso de la bella experiencia que resulta cruzarlo.


El pueblo de Guoliang o Guoliangcun, estaba completamente aislado del resto del mundo. Ubicado entre las difíciles montañas y los fértiles valles de la región de Henan, sólo tenía acceso a través de una escalera de piedra construida en la montaña de Tianti, o atravesando una precaria vía suspendida en el exterior de la montaña dónde posteriormente se abriría el túnel.

CONSTRUIDO POR CAMPESINOS DE LA COMARCA

Los campesinos del pueblo, cansados del aislamiento y hartos de arriesgar sus vidas cada vez que salían del pueblo, decidieron un buen día acabar con el problema de raíz.
En el año 1972 trece jóvenes campesinos liderados por el jefe local Shen Mingxin, se pusieron a excavar la dura montaña con la intención de construir un túnel que les liberase de su condición de pueblo aislado.

LAS VISTA AÉREA MUESTRA LA MAGNITUD DE LA OBRA

Vendieron sus cosechas y el ganado que poseían para recaudar dinero y comprar herramientas de acero y útiles. Trece hombres comenzaron la titánica obra, aunque posteriormente, se unirían muchos más campesinos de la región.
No poseían conocimientos de ingeniería ni geológicos. Tan sólo se guiaron por la necesidad de sentirse unidos al mundo.


Durante los cinco largos años de esfuerzo agotador, y sangre derramada por la muerte en accidentes de varios hombres, el túnel estuvo terminado.
La estampa del lugar resulta impresionante. Enormes riscos verticales están enfrentados unos con otros. En medio de los imponentes muros pétreos, el abismo se abre camino entre árboles y un espeso follaje, adhiriéndose finalmente al curso del río que lentamente transcurre por el hermoso paisaje.


El túnel abrigado a ras de la montaña, muestra treinta ventanales de singulares formas y tamaños. Se dice que al no disponer de electricidad cuando se construyó, los obreros abrieron los huecos en las paredes rocosas para dejar penetrar la luz del día y facilitarles la tarea.
Hoy día llegar a Guoliang es más fácil gracias a la titánica obra. Ya no tienen que ascender por las empinadas escaleras pétreas cargados de bultos pesados y arriesgando sobremanera sus vidas.
El día 1 de mayo de 1977 el túnel se abrió al tráfico.


Hoy día no sólo Guoliang a perdido su condición de pueblo aislado, sino que toda la región de Henan y el gobierno chino, es testigo de cómo el interés turístico por tan curioso y bello lugar, a puesto a Guoliang en el mapa del mundo gracias al esfuerzo y la necesidad de sus ingeniosos y laboriosos pobladores.


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